Durante todo el verano los barrios seguimos priorizando jugar con amigos y divertirnos; poner las reglas entre nosotros; rearmar los equipos si alguno tenía ventaja sobre otro; invitar a más chicas a que se sumen a los partidos y, por supuesto, a las rondas que antes y después de que la pelota ruede nos ven a todos sentados y hablando desde lo lindo o feo que salió el partido hasta quien no está pudiendo ir al colegio o cualquier otro problema, intentando buscarle las soluciones.
Ante la alegría de ver sumarse cada vez más barrios, más pibes, más vecinos que decidimos acompañar a nuestros hijos y hacer entre todos la jornada, más talleristas, más delegados y más voluntarios, la primera jornada no tuvo más remedio que ser desdoblada: los cadetes, juveniles y mayores un sábado; los minis e infantiles, el siguiente.
Nos contamos experiencias de cada uno de nuestros barrios y de ellas salieron las explicaciones del porqué ante cualquier problema en un partido el mismo debía pararse y, hablándonos y escuchándonos, solucionarlo. Los porqué de toda la solidaridad y el compañerismo que significa esta metodología. El entender que quienes jugamos al Fútbol Popular no vemos un enemigo en el jugador del otro equipo, sino un compañero más. Lo importante de participar en los talleres extrafutbolísticos porque, por ejemplo, “aprendemos como prevenir el SIDA y otras enfermedades” en un taller de salud, además de divertirnos en recreación, hacer pulseras en artesanías y mostrar toda la habilidad barrial y popular en cada picado de fútbol playa o fútbol reducido.
Todos los meses de preparación pasaron volando. Sin darnos cuenta ya estábamos en Ezeiza nuevamente, en ronda gigante. La jornada fue espectacular con goles y abrazos por todos lados.
A la tarde, antes de finalizar e irnos a nuestros barrios, la emoción volvió a ganar la escena. Los chicos más grandes propusimos que en la jornada del sábado siguiente -la de nuestros vecinos más pequeños- los delegados, moderadores de cancha, voluntarios y talleristas seamos los mismos que disfrutamos durante toda esa tarde de la primera jornada de la Liga. Gran gesto de transformación interna y proceso de cambio en quienes hoy son ejemplo de los más chiquitos.
En el taller de globología, los de categoría Mayores juntamos a los minis para explicarle que juegos íbamos a hacer con esos globos de forma tan rara. Además, coordinamos el espacio de Fútbol Playa.
En el taller de barriletes, los de categoría Juveniles ayudábamos a las manos chiquitas de los infantiles a la hora de armar los barriletes. Por supuesto sin dejar de hacernos uno para nosotros. En el camino de la transformación, no nos olvidamos que también seguimos siendo chicos.
Fue así también, que los de categoría Cadetes aconsejamos y opinamos en el taller de Recreación sobre qué juegos podían funcionar y cuáles no.
Nos hicimos cargo como moderadores de las canchas en donde se juegan los partidos. Con la legitimidad que nos confiere ser vecinos de aquellos enanos que iban a jugar, les explicamos a nuestra manera y con nuestra experiencia el significado del Fútbol Popular, además de contarles experiencias vividas en los tres años de Liga.
Y por ese camino que llevó a padres a acompañar a nuestros hijos, hoy somos varios los que somos entrenadores de distintas categorías en los entrenamientos entre semana.
La extensa doble primera jornada llegó redonda a su final pero la felicidad no se va a acabar nunca. Sacando pecho de cómo había salido todo, al momento de despedirnos, los más grandes propusimos: “Che, cada vez que se hagan dos jornadas podemos hacer lo mismo que hoy”. Coherente, como siempre, vamos a cumplir. Fue así. Así será.



